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Lola Ferreruela en Casariche

Lola Ferreruela, pintora :: Inauguración de la exposición. Conferencia ofrecida dentro del curso de verano de Casariche, celebrado del 19 al 25 de agosto de 2013.

El beso gitano II

Acto: Conmemoración del Día Internacional del Pueblo Gitano
Exposición: EL BESO GITANO de Lola Ferreruela
Inauguración: 8 de Abril de 2013
Lugar: Sevilla

LOLA FERRERUELA. Cuando lo abstracto se hace color
Da. Mercedes Arriaga Flórez, Universidad de Sevilla

Cuando Sefora Vargas me propuso participar en este día internacional del Pueblo Gitano y me habló de la obra de Lola Ferreruela, me pareció prodigioso el hecho de que se quisiera celebrar en este día la tradición de un pueblo a través de la innovación artística de una de sus mujeres. No se ustedes qué opinan, pero a mí personalmente el hecho de que una mujer sea la presidenta de esta asociación y de que la obra pictórica de otra mujer sean el emblema de todo un pueblo, me parece precisamente un signo de su sabiduría y de su civilización, porque sólo los pueblos más adelantados se dan cuenta de que los talentos de sus mujeres son una riqueza que no se puede desperdiciar. Me parece muy adecuado porque todos sabemos que las auténticas trasmisoras y custodiadoras de la tradición son las mujeres. Sobre sus espaldas recae el trabajo más invisible y menos valorado, los trabajos del cuidado y de la mediación que es donde se libra la lucha por la superviviencia del día a dia.


Por ese motivo, ¿Qué sucede cuando una mujer, en vez de empuñar la fregona, empuña los pinceles? Sucede que quizás el cuidado se traslade a otro ámbito porque cuidar de los demás no es solo hacer la comida o ocuparse de los que no se valen por si mismos. Cuidar de las personas es sobre todo infundirles esperanza, ayudarlas a soñar, abrir de par en par para los templos de la belleza. Eso es lo que hace Lola Ferreruela por nosotros: desentrañar el mundo y ofrecérnoslo descompuesto en geometrías, en líneas, en colores, en la superficie de sus cuadros están latentes las vibraciones de otros mundos y nuestra mirada se redime. La pintura de Lola nos obliga a utilizar los ojos para mirar, no solo para ver pasivamente lo que está delante y con los ojos entrar en otras dimensiones cósmicas o en otras dimensiones interiores.

Los poetas del Renacimiento italiano decían que el amor entra a través de los ojos, porque a través de la mirada las personas se enamoran. Es ese efecto de encantamiento que surten los cuadros de Lola lo que convierte su obra en un atravesamiento de fronteras para llegar a todos, porque el arte es patrimonio de todos los humanos que aspiran a la paz, a la armonía, a la bondad. Lola Ferreruela es una pintora gitana, con todo lo que ello conlleva de dificultades, obstáculos, impedimentos, incomprensiones pero su pintura, que en ningún momento olvida sus raíces es, en cambio, universal en su alcance. Universal porque en sus pinceles hablan los colores la lengua del calé, pero también los colores de los países mediterráneos y de muchos otros países exóticos del mundo. Esos colores que inflaman, que levantan el ánimo, que alimentan y calientan el alma, los colores de los jardines, de los vergeles, de los patios, da igual que sean de Andalucía o de México, porque no hay paisaje en los cuadros de Lola Ferreruela, no hay lugares sino sensaciones, huellas humanas, rastros de días felices que quedaron marcados para siempre sobre el lienzo, la cal de las paredes y las sombras de los rellanos descompuestos en geometrías de límites inciertos.

Las misteriosas operaciones matemáticas que realiza la vida para abrirse paso están presentes en esa energía positiva que desprenden las líneas, los recovecos, las espirales, las sinuosidades, los círculos que Lola imprime en sus cuadros; trazos que no están tan lejos de un juego de jeroglíficos, ni tampoco de una escritura en lengua cromática que utiliza el tamaño y la forma para expresarse. Los cuadros de Lola son un baile al que la luz asiste vestida de gala; la luz que emana de las estrellas, la luz del de-siderum, del deseo de trascendencia y de fuga de las calamidades de la naturaleza humana. No por nada una de sus series se llama “Ritmos cromáticos”,  donde la luz se hace movimiento,  armonía, cercanía, abrazo, beso. Mallarmé decía que la poesía era sobre todo música,  la  pintura de Lola Ferreruela es sobre todo poesía visual, poesía que se extiende ante nosotros para darnos un pellizco en el corazón, una contemplación que encierra en sí esa intranquilidad  del asombro y te proyecta hacia lo desconocido, hacia la utopía, hacia la quimera, hacia el sueño que conduce a una vida mejor.

La pintura de Lola Ferreruela no necesita definirse, simplemente es, sucede, se presenta como una epifanía y, prodigiosamente, nos hace sentir que nuestras raíces están en el mundo, pero nuestro espíritu no es de este mundo. Sus cuadros son pétalos de luz, el matra de reunidos arcoíris, energía en lienzo vivo.  Como diría Pablo Neruda Lola Ferreruela “juega todos los días con la luz del universo”, y el efecto que produce en nosotros es “lo que la primavera hace con los cerezos”. Es decir, nos hace florecer, nos rejuvenece, nos renueva y nos tiende un puente para perdurar en esos círculos concéntricos del espíritu. El beso gitano de Lola Ferreruela es uno de esos besos mágicos que nos despierta.

El beso gitano I

Acto: Conmemoración del Día Internacional del Pueblo Gitano
Exposición: EL BESO GITANO de Lola Ferreruela
Inauguración: 8 de Abril de 2013
Lugar: Sevilla

El Beso Gitano, éxtasis de cultura, arte y moda gitanos
Sefora Vargas

Para la celebración del acto, se ha contado con la presencia de mujeres que han marcado historia dentro del pueblo gitano: Lola Ferreruela y Juana Martín (...) desde esta perspectiva radicalmente femenina, pretendemos realizar una ceremonia amparada en la igualdad; y por otro, deseamos mostrar en un solo acto el arte, cultura y moda gitanos, elevando a lo máximo estos tres exponentes y utilizarlos para celebrar un día tan significativo dentro de la comunidad gitana. Porque creemos firmemente que el futuro del pueblo gitano va de la mano de la MUJER GITANA, MOTOR INELUDIBLE DE CAMBIO Y TRANSFORMACIÓN SOCIAL, y por tanto, objeto central de nuestro DÍA INTERNACIONAL DEL PUEBLO GITANO. Para el desarrollo del acto, deseamos contar con la presencia del Instituto de la Mujer, entre otras organizaciones y entidades representativas. Así como representantes de la Universidad de Sevilla, fieles colaboradores de Aproideg.

  

LOLA FERRERUELA

En este empeño de resaltar el “arte, cultura y moda gitanos” tendrá un lugar preeminente Lola Ferreruela. Esta pintora malagueña, es una artista consagrada en la muestra del imperio de los sentidos. Ha dedicado su vida a mostrar el alma más pura y genuina del sentir gitano y por ello cuenta con las mejores críticas de Europa en cuanto a la mezcla de colores. Experta en el expresionismo, muestra el mundo de los sentimientos a través de una inabarcable paleta de colores con una percepción del color fuera del sistema. Esto hace que posea una personalidad pictórica magnífica, originalísima, y profundamente intuitiva. Lola no es esclava de las apariencias, huye de la tiranía de la belleza aparente. Ella eleva lo simple a lo más elevado. Su preocupación constante por huir del realismo, de la racionalidad, del dogma que asfixia, LATE EN TODA SU OBRA. Vuelca sus sentidos en plasmar un mundo que sólo existe en su alma: un mundo lleno de fuerza, de LIBERTAD. De hecho, si tuviera que describir la obra de Lola en pocas palabras, diría que la obra de Lola es FUERZA, la FUERZA DE UN ESPIRITU LIBRE. Lola ha vencido a todo lo pre-constituido, a las normas, a la moral retrograda que todas las culturas han mantenido vivas... Lola crea con su fuerza otro concepto de la vida, de la libertad, de los sentidos, del arte, de lo preestablecido. Es una amante inquebrantable de la LIBERTAD.

De hecho, el empleo del azul, es harto metafórico, se refiere a este deseo inherente de la mujer gitana por conseguir esta LIBERTAD. Vemos en su obra cierta tendencia vitalista, que arranca del estado fluido del “llegar a ser”, por encima del estado concluso que sugiere la noción del ser. Esta artista prefiere el movimiento a la quietud, valora la acción por encima de la inacción y disfruta más del flujo que de la estructura. Lola considera la vida, en términos de una fuerza que surge de adentro creando un orden propio y especial. Lola busca identificarse con la esencia de las cosas por medio del poder de la intuición, para que nuestro ego se funda con la unicidad de los objetos, en un todo completo. Sólo de esta forma, se puede expresar el alma y el aire que tienen las cosas. Lola nos traslada al imperio de los sentidos con cada toque de su pincel. De hecho, su última colección de cuadros inédita aún, denominada el “Beso Gitano”, es la obra objeto principal no sólo de su exposición, sino del acto en sí.

Una pintura que despierta reacciones solidarias, realizada con una empatía kinestésica. Artista excelente por saber rescatar objetos inanimados y devolverlos a la vida. Lola crea, es exquisitamente femenina, cautivadora transmitiendo energía visual.

Texto de origen: http://www.seforavargas.com/2013/03/dia-internacional-del-pueblo-gitano-el.html?spref=fb

PINTURA GITANA

Después de atravesar por diferentes épocas en las que trataba de reconocerse en la pintura de los principales maestros de la vanguardia, la pintora malagueña Lola Ferreruela inició su particular travesía del desierto para profundizar en la soledad de su propio talento interior. Su viaje a Tarifa y sus vivencias de aquella época transformaron radicalmente su forma de pintar que no es otra cosa que su forma de explorar su cosmos interior. Para los que seguimos su evolución fue una sorpresa impresionante comprobar hasta qué punto puede un artista desprenderse de cuantas influencias inmolan su creatividad en aras de pertenecer a alguna corriente. Transitamos por caminos que conocemos porque nos asusta lo desconocido, tomamos rutas establecidas porque tememos aparecer en algún lugar inhóspito del que no seamos capaces de regresar y por estos temores renunciamos a la máxima del poeta sevillano Antonio Machado de hacer camino al andar.

Lola no tuvo ese miedo, se atrevió a salirse de los carriles que la conducían por paisajes conocidos, que la embelesaron sin duda en otro tiempo aunque no quiso acomodarse en ninguno de ellos. Dicho esto, es ahora cuando hay que tomar en consideración que Lola es gitana, que tiene el alma inquieta por descubrir un mundo más perfecto, su arte es nómada porque en lugar de temor tiene la esperanza de que, tras la colina que nos encajona en las coordenadas convencionales, lo que hay es siempre un mundo mejor, porque es nuevo, porque es distinto pero sobre todo porque es puro, libre de contaminación, libre de reglas, libre de formalidades. Libre.


Siempre es de admirar esa inquietud, ese valor del alma gitana por descubrirnos mundos nuevos que están en éste seguramente pero que no son éste. Nada es imprescindible salvo el ser. No podemos retener nada, no podemos llevarnos nada, no podemos estancarnos porque lo aprendido ya no es vanguardia de nada, lo que se domina ya no es experimental, lo presumible ya no es arte moderno, hay que avanzar más allá, soltar amarras y volver a comenzar. Lola lo hizo y por eso su obra es admirable, única, distinta a todo, es ella misma, no es la plasmación del tópico gitano: es el alma gitana misma, visible, desnuda, expuesta sin rubor a la contemplación de todos porque es ingenua y pura como un recién nacido.

Tomás Sainz Rofes
Licenciado en Bellas Artes

LOLA FERRERUELA DESCUBRE LA DIMENSIÓN DE LOS SENTIDOS

Teresa García.- Aquellos espacios que hayan sido con anterioridad lugares de meditación o en los que se haya orado en nombre de Dios son los preferidos por Lola Ferreruela (Avila, 1963) para enseñar al público su obra. De ahí que la artista abulense se muestre encantada de que sus cuadros se expongan en el claustro del Centro Cultural Integrado Isabel la Católica, levantado sobre lo que antaño fuera el Convento de San José, ya que no en vano, según sus propias palabras, su inspiración le llega “del cielo y de la naturaleza”.

Lola Ferreruela llega a Medina después de que su obra haya recibido excelentes críticas en Málaga, ciudad en la que reside, y dispuesta a descubrir a los medinenses la dimensión de los sentidos en su primera exposición fuera de la ciudad andaluza, y con el aliciente de mostrar su trabajo, lleno de optimismo y de vitalidad, en la localidad natal de sus abuelos.

Y es que, la positividad es perceptible en toda la obra de Lola Ferreruela, en la que la artista se ha servido del color y ha redoblado esfuerzos en este sentido con la finalidad de “obtener lo mejor del ser humano, puesto que tanto para mí como para los demás seres sensibles ciertos aspectos del mundo actual nos producen cansancio, lo que me lleva a emprender una incesante lucha a través del color para transmitir positivismo”.

La geometría es uno de los elementos utilizados por la artista en varias de sus series; así, en una de ellas, mediante ritmos marcados por círculos de diferentes tamaños homenajea al tiempo, a las cuatro estaciones y a elementos como el agua o el aire, y sin pretenderlo muestra sus sentimientos hacia la humanidad y en especial hacia los niños. Estos mismos sentimientos refleja en sus trabajos enmarcados en la corriente fauvista en los que no existen formas concretas sino sólo color y con los que la autora ha conseguido “buenos efectos” y “muchas respuestas”, así como rendir un homenaje a los Reyes Católicos.

La obra moderna y vanguardista de Lola Ferreruela se podrá contemplar hasta el 31 de mayo.

FUERZAS IONICAS

"De agua y espíritu"


Descubrí a Lola Ferreruela en una plaza de obispo y la reencontré en una estación de pueblo convertida, al igual que Lola, en exposición de arte. Y quedé sorprendido por el silencio de la crítica en el que siempre hay excepciones. Tuve una intuición primaria: la intensidad de la corriente de ida y vuelta, como una copla de Carlos Cano, entre sus cuadros y el mundo real e imaginario de su conciencia o de su subconciencia. Si se quiere, puede etiquetarse a su pintura dentro de un círculo de tiza con la marca del expresionismo abstracto pero con una condición, la de incluir a ella en ese círculo.

Se juega con ventaja cuando el artista está en los arrabales de la proximidad para que permita a uno descender a los arcanos de sus formas y colores. Sí, ya se que el lienzo escapa a su autor; que tiene vida con esa autonomía que le da la trágica separación como cuando en las dehesas llega la hora del destete de los terneros. Aunque cabe la probabilidad de que existan artistas que escapan a esa tragedia. Lola no, porque su vida, sus trayectorias, incluso su deambular de búsquedas incesantes, estuvieron y están motivadas por el mundo de la sensibilidad y de la creación. ¿Cómo olvidar sus instantes de refinamiento creativo cuando diseñó moda de exquisita belleza? Y huyó de ellos como del teatro, de la expresión corporal, de la melodía de una canción, del cine para terminar en la difícil alquimia de la expresión pictórica. Allí está situada con un fondo de saxofón de imperceptible sordina.

"Primavera (detalle)"

Su arte traduce y trasluce con la expresión de una fuerte intensidad de colores que perciben y que emiten sucesivos destellos distantes de todo academicismo. Las fuerzas de la naturaleza, incluidas las telúricas, están atrapadas en el interior mismo de los bastidores en constante presión para salir del cuadro y regresar a la tierra y al mar. Los colores de fuego, de sol y luna, de paisajes imaginados en donde solamente parece haber pinceladas intensas, los acuíferos del subsuelo, la geometría de lo aparentemente lineal que puede llegar a transformarse en mágicas bolas incandescentes, en neuronas vivas del espacio limitado de una tela o de una tabla o de un vidrio. Atrajo la atención visual de mi subconsciente -creo- el desenfado de la irrupción de la intensidad diversa de los azules, del amarillo graduado, del fuego transmutado en un rojo que no recuerdo haber vivido como sensación. Se trata de una aprehensión personal de la que soy lucido. En la pintura como en el amor hay gustos y disgustos. Es el diálogo personal, interactivo, en donde prevalece la mayor dosis de intimismo y de intimidad. (El mercado clasifica y pone precio, pero cada vez hay más coro para afirmar equivocaciones en muchísimas valoraciones del arte contemporáneo)

Sus retratos sorprenden, aparte formas y uso de los colores y de sus mezclas, por la captación de un sentido, de un estado, de un indicador, de un sentimiento, de una desarticulación de lo superfluo para definir con la palabra de los pinceles la complejidad del lenguaje de la expresión de un rostro.
Los cuadros de Lola Ferreruela me incitaron a entrar en "transe de poesía" para poder sentirlos a la vez de poder aceptar una comunicación con la calor del fuego, la noche de la luna, los baldíos, las miradas, rictus y sonrisas a medias de sus personajes, los tejidos, la reinterpretación involuntaria de una menina, los anillos de luz, las formas que se hacen y se deshacen. El destello de los colores. Los amaneceres cargados de sed por la escasez de agua, el misterio de una mirada encendida.

Lola ha sublimado las raíces más profundas de las energías artísticas de su estirpe gitana. Con su pintura encasillada por los entendidos -repito- en un expresionismo abstracto, ha roto moldes genéticos para abrir los enrejados floridos y dejar entrar a los vientos del norte y al terral. Hermoso quejío acompasado.

Francisco J. Carrillo
Académico de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo

RITMOS CROMATICOS

ola Ferreruela (Ávila, 1963) es una pintora apasionada por la vida y por la existencia, deseosa de conocimiento y de experiencias que le hagan sentirse persona, no sólo artista, proclive al ensimismamiento y a la soledad, a pesar de su exuberante vitalismo, y con una tendencia a compartir su mundo interior con otros seres hasta cierto punto desvalidos como ella. Toda esta concepción en más de un aspecto deshilvanada y desordenada de la realidad, en la que todavía Ferreruela busca un punto de ordenamiento y de coherencia, tiene necesariamente que reflejarse en su pintura. A Lola Ferreruela no le preocupan especialmente las contradicciones, pues sabe que la vida misma se teje en torno a ellas, pero aspira a una armonía y a un entendimiento apacible con el cosmos, una realidad cuyo significado último se le escapa. De ahí algunos de sus cuadros más característicos, aquellos que tienen como tema círculos cromáticos, sometidos a un ritmo incesante y vertiginoso, unos óleos, como todos los suyos, hechos sobre tabla, sobre un soporte duro y rígido que le permita pintar sin que se le hunda el pincel. En estos círculos está presente la idea de sincronicidad, de armonía entre los opuestos, pero, sobre todo, con sus colores dinámicos y sus formas circulares, nos evocan las composiciones órficas de Robert y de Sonia Delaunay, en las que los planos se facetaban multiplicándose en todos los colores del espectro y girando en vórtices luminosos.



Igualmente plenos de contrastes cromáticos son aquellas otras composiciones en las que Lola Ferreruela divide el cuadro en cuadraditos en los que inserta signos o letras de las más diversas clases, unas combinaciones que también nos recuerdan las llevadas a cabo, aunque, eso sí, sin esta fiesta cromática de la pintora abulense, por Joaquín Torres García y su «universalismo constructivo». Pero si el vanguardista uruguayo procede, en su proceso de maduración del lenguaje constructivista, a una depuración formal y una geometrización que le conducirá a los límites de la abstracción, Lola Ferreruela se propone una suerte de armonía combinatoria, de juego cromático de intenciones puramente ópticas y visuales. Todavía hay otro apartado interesante de la producción de Ferreruela, el que corresponde a los retratos. De todos los que expone el más conseguido es un autorretrato de formas definidas, incluso muy clásico en la estructura del rostro, pero con una concepción en la aplicación del color de indudable influencia fauve, una especie de sinfonía de colores puros presidida por los rosas y los malvas.

ENRIQUE CASTAÑOS
Crítico de Arte

LA PASION PICTORICA DE LOLA FERRERUELA


Con un sentido instintivo y casi primario del color, con una encendida pasión en todo lo que hace, con un apego a la verdad que puede considerarse el principio ético que sustenta su vida, los trabajos de Lola Ferreruela (Ávila, 1963) muestran tanto una denodada lucha por la existencia, casi por la superviviencia, como una predisposición natural por los ritmos del color, por la armonía secreta y la simbología oculta de los colores.

Interesada en el Kandinsky de los años inmediatos a la I Guerra Mundial, en el orfismo de Robert Kelaunay, en el expresionismo de Die Brücke, en el alfabeto geométrico de Torres-García y en la estética fauve, la obra de Lola Ferreruela lo mismo aborda con inusual decisión y energía cromática una interpretación de un autorretrato de Picasso que nos retrotrae a Munich y a una cierta estética situada entre la primera oleada expresionista y las ondulaciones del art nouveau, pero sin renunciar a una hondura psicológica en la expresión del personaje, que se entrega a realizar un autorretrato que es todo un catálogo refinado y resulto de los cánones fauces.

Ansias de libertad

Lola Ferreruela tiene sus ojos abiertos hacia el sufrimiento y la alienación pero ansía la libertad, la concordia y la tolerancia. Su obra es un grito apasionado, moderado y sutil otras veces, en defensa de la vida y de la pintura, mejor aún, de la inextricable ligazón del binomio que forman arte y vida.

ENRIQUE CASTAÑOS ALÉS
Crítico de Arte

INDAGACION SOBRE LOLA FERRERUELA


Lola Ferreruela ha vencido. Ella no lo sabe, ustedes no lo saben, pero Lola ha vencido, ha ganado la partida a las normas, a la tradición, a las tornadizas modas, a las conveniencias del momento, a lo que se debe esperar de alguien que pinta ahora cuando es 2008 y arrastramos un siglo disparejo, agujereado, distorsionado y convertido en teorías y en excusas como quien arrastra una pierna aplastada o una historia de soledad nunca del todo superada ni asumida. No estoy diciendo que la miremos a ella, que nos acerquemos a su presencia en un extremo de esta sala para intercambiar palabras y sonrisas (conozco esa experiencia y la aconsejo, tanto es lo que se aprende y o que se intuye en una charla con ella). Digo que nos acerquemos a sus pinturas, a sus dibujos y renunciemos a la pregunta esclavizadora que nos hacemos desde hace siglos. Qué nos quiere decir el artista, qué es lo que nos muestra. Vana exigencia la nuestra. Más bien deberíamos preguntarnos qué es lo que queremos que este arte nos diga, qué queremos que nos muestre. Y tampoco daríamos en el clavo con este nuevo enfoque, aunque estaríamos más cerca de la honestidad si nos interrogamos a nosotros mismos. Y es que Lola no tiene por qué ser una hechicera que nos ofrezca espejos enmarcados en vez de óleos. No, ella no se conforma con aquello tan conocido de complacer al espectador. Tiene bastante sabiduría, bastante rebeldía para rechazar el servilismo de agradar al público. Que sea el público, en todo caso, el que vea, juzgue y decida. Bastante tiene con mantener su independencia, su libertad reacia a los cánones y los credos.

En ella, todo conocedor de la tradición pictórica de los últimos siglos sabrá enlazar pinturas suyas como "El gran viaje" con el espíritu de los simbolistas rusos y muy especialmente con Nicolai Roerich. O emparentar "Vibración" con el mejor cubismo órfico de los Delaunay, "Voy a llegar" con la muralística mexicana a la vez que con los majestuosos Cristos del románico catalán o incluso enlazar los grandes mandalas como "H2O" con el op-art unido a componentes cubistas, aparte de la raigambre hermética y tibetana, o su retrato de Picasso asimilable al expresionismo nórdico. No, Lola no es un catálogo de Historia del Arte. Y si coincide en estos elementos es porque su voluntad plástica es auténtica y puede llegar a conectar con movimientos anteriores porque la aventura del color le lleva a las mismas playas que a navegantes anteriores.

Lola refleja el asombro de nuestro mundo, la perplejidad de quien pasea por el laberinto de espejos. Cada vez que veo sus pinturas, tan libres, tan verdaderas, recuerdo lo que escribió Giorgio de Chirico en una remota carta de 1919 y que se aplica, mejor que cualquier discurso que pueda yo enhebrar, lo que ella intenta y consigue contarnos:

«Para ser verdaderamente inmortal, una obra de arte ha de exceder de todos los límites humanos: la lógica y el buen sentido no hacen más que molestar. Una vez derribadas estas barreras, penetramos en las visiones de la infancia y el sueño. De la porción más recóndita de su ser, el artista ha de extraer profesiones de fe; ni el arrullo de los torrentes, ni el canto de los pájaros, ni el murmullo del follaje, habrán de distraerlo. Lo que oigo nada vale; sólo tiene vida lo que veo; y con los ojos cerrados mi visión es aún más poderosa.
Es de importancia capital liberar al arte de todo lo que contenía de materiales reconocibles; temas familiares, ideas tradicionales, símbolos populares: todo debe ser destruido. Más importante es ún una fe inmensa en nosotros mismos y es esencial que la revelación que recibimos, la concepción de una imagen que encierra algo que ni tiene ningún sentido en sí, ni un tema, que nada significa lógicamente; es esencial que hablen en nosotros violentamente y que evoquen en nosotros una alegría o agonía tales, que nos veamos forzados a pintar por un estímulo más fuerte todavía que el hambre que impulsa a un hombre a devorar un pedazo de pan como una fiera [...] La experiencia más asombrosa, heredada del hombre prehistórico, es quizás el presentimiento. Existirá siempre. Podríamos ver en él una eterna prueba del carácter irracional del universo. En sus orígenes, el hombre se movía sin duda en un mundo de signos misteriosos y debía de temblar a cada paso»




Valga la extensión de la cita por su intensidad, su pertinencia. Entre lo que expresó el artista italiano y lo poco que he podido sugerirles, no tendrán todavía los elementos suficientes para saber qué nos quiere decir Lola. Su manera de pintar, de ser, no se identifica con doctrinas. Es más, yo diría que cada pintura suya más que un discurso o una definición, es una oración sin palabras a un dios que no tiene nombre. Y el resto es silencio.

MARIO VIRGILIO MONTAÑEZ
Crítico de Arte